domingo, 25 de enero de 2009

El asesinato de un bebé

CARETAS:

Seguridad :::: El asesinato de un bebé en el Callao revela que la infiltración delincuencial en los gremios de construcción se ha tornado incontrolable.

Artículo de Revista Caretas, "Destrucción Civil" clic
por Samuel Ashcallay, Febrero 2007.

Carlos Bedoya poco después de su detención, el pasado miércoles 31 (enero 2007). La Policía lo sindica como el asesino del pequeño Gabriel.

“Ay, mi bebé tenía su cabecita ensangrentada. Lo cargué y grité: ‘por favor, auxílienme, qué hago, qué hago’ ”, narra Juana Palomino (49), recordando el momento en que su nieto Gabriel García, de 10 meses, fue impactado por una bala durante una gresca entre pandillas de construcción, el pasado miércoles 31 (enero 2007).

Tres minutos antes, 8:15 a.m., había salido de su casa empujando el coche del bebé hacia el mercado de la urbanización San Juan Masías, en el Callao, donde tiene un puesto para vender pescado.

En la calle Tambo Machay, Juana vio a unos 15 jóvenes que, con piedras y palos, hacían retroceder a una turba de 40 personas que les disparaba desde el jirón Madre de Dios.

Se disputaban los 10 puestos de trabajo de las obras de remodelación del parque José Benito Flagett, financiadas por la Municipalidad del Callao y ejecutadas por la empresa Civitas por un valor de S/. 282,000.

Una de las balas alcanzó al pequeño Gabriel en la nuca. Juana lo llevó en un taxi al hospital, recordando que sólo unos minutos antes el bebé, abrigado con una manta verde, le sonreía desde su coche.

Nueve horas más tarde, pese a los esfuerzos de los médicos del Hospital del Niño, se certificó la muerte del bebé.

Demonios Chalacos

Según la Policía, el autor de los disparos fue Carlos Bedoya. Usó una pistola Pietro Beretta de 9 mm, considerada un arma de guerra con capacidad para realizar 13 tiros sin cambiar la carga.

Su enigmático tatuaje en la frente permitió que los testigos no lo confundieran con el resto, pero lo que sorprendió fue su mirada y una sonrisa con sorna que conservó aun horas después, cuando lo sindicaron como el asesino del bebé Gabriel García.

La Policía lo capturó con dos cacerinas abastecidas, nueve municiones, 14 envoltorios de PBC, tres de marihuana y un chaleco antibalas que traía puesto.

Testigos afirman que, antes de percutar el arma, Bedoya apuntó a la cabeza de varios transeúntes con su Beretta, mientras otras nueve personas más de su mismo “Comité de Desocupados de Construcción Civil” disparaban a otros vecinos.

El resultado: tres transeúntes con heridas en la pelvis, cuello y nariz, y un niño muerto. La Policía encontró 27 casquillos de bala en el lugar. Poco después cayeron otros 12 vándalos, entre los que se encontraba una mujer de 27 años, Giuliana Aramburú.

La prueba de absorción atómica determinó con certeza que Carlos Bedoya y Edgar del Carpio dispararon un arma el día del ataque. En otros ocho detenidos también se encontró restos de plomo en las manos, pero no se precisó si realizaron disparos.

El atestado policial acusa a Bedoya por homicidio, posesión ilícita de armas y tráfico de drogas, mientras que los demás arrestados son sindicados por delito contra la tranquilidad pública.

Los Infiltrados

El trágico suceso en San Juan Masías provocó el repudio de la opinión pública y la reacción de la Federación de Trabajadores de Construcción Civil del Perú (FTCCP). A través de un comunicado y entrevistas a su secretario general, Mario Huamán, la FTCCP afirmó que ninguno de los detenidos integraba su gremio.

En un programa televisivo, Huamán pidió la reactivación de la comisión multisectorial que reunió hace más de seis meses a la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) y a los ministerios de Vivienda, Interior y Trabajo para prevenir los actos vandálicos en las obras.

Agregó que, en breve plazo, su gremio pondrá a disposición una base de datos en Internet para que las empresas de construcción puedan conocer quiénes son sus miembros.

El viernes último, la ministra del Interior, Pilar Mazzetti, anunció que se reunirá con la federación de trabajadores para identificar a los “peligrosos delincuentes infiltrados en el sector”, como es aparentemente el caso de estos 12 detenidos.

En los últimos meses, las hordas han alcanzado un mayor grado de especialización para extorsionar a las empresas constructoras, a las cuales exigen vacantes en las obras o dinero para “garantizar que no habrá más disturbios”.

En la capital, siete actos vandálicos de supuestos obreros de construcción civil se han registrado en las primeras cinco semanas del año, con víctimas inocentes. La FTCCP insiste en que estos han sido perpetrados por agrupaciones dirigidas por delincuentes prontuariados.

El 26 de enero, una mujer embarazada fue herida de bala junto a otras tres personas en Ventanilla, mientras que el 12 del mismo mes, en Comas, unos 70 manifestantes irrumpieron a balazos para exigir puestos de trabajo (CARETAS 1959).

En el 2006 los enfrentamientos de los seudogremios de construcción dejaron cuatro muertos y 62 heridos. La mayor cantidad de las grescas se registró en los meses de verano.

Lumpen Prontuariado

El jefe de la Divincri Callao, René Munárriz, afirmó a CARETAS que el conflicto en San Juan Masías se inició la mañana previa, el 30 de enero, cuando Delia Ocampo –conviviente de Jacinto Aucayari, ‘Cholo Jacinto’, ex cabecilla de ‘Los injertos’– llegó al parque José Benito Flagett acompañada de una decena de personas que buscaban trabajo.

Una fuerte discusión se desató entre el grupo liderado por Ocampo y los vecinos dirigentes de la urbanización.

La Policía evitó que la sangre llegue al río con el acuerdo de que cinco trabajadores de cada agrupación ingresarían a trabajar a la obra ejecutada por la empresa Civitas.

Pero esa misma noche, dos sujetos dispararon desde una motocicleta en marcha a los trabajadores de la urbanización San Juan Masías. El saldo fue un herido de bala en el pie, Luis Gonzales (23).

Una pared que rodea el parque –donde estuvo apoyado Gonzales en el momento del ataque– tiene pintado el rostro de Héctor Lavoe, que recibió aquella noche el impacto de cinco balas. Los testigos afirman que debió considerarse como un anuncio de lo que ocurriría al día siguiente

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